"Cómo se te ocurre que algunos son elegidos y otros son para el descarte..." Sr. Flavio Cianciarulo

 

EL mundo de hoy vive una profunda y acelerada transformación socio-cultural. Pero ella no se opera uniformemente, sino que por sus realizaciones y efectos ha diferenciado países y regiones a través del planeta.

El hombre latinoamericano ha tomado clara conciencia de este desigual proceso de transformación, de las bases económicas del mismo y de los elementos relacionales que concurren a determinar situaciones y perspectivas. Percibe su propia situación y puede juzgarla comparativamente, puesto que vive en un mundo que se comunica con gran rapidez y eficacia; la situación de otros, no es ya más, algo lejano o desconocido. Pero, más allá de las expectativas limitadas que tal comparación puede crear, percibe el proceso de transformación, o en todo caso quisiera orientarlo, como una búsqueda que satisfaga como finalidad de la organización y de la actividad social, las más fundamentales de las aspiraciones humanas: libertad, dignidad y la posibilidad de realización personal para todos. Sabe, además, que todos sus proyectos son posibles, son realizables por lo menos en gran medida.

El fenómeno de torna de conciencia de las diferencias entre países, característico de nuestra época debido al avance en las tecnologías de comunicación, es particularmente agudo en los países menos favorecidos por la evolución de la economía mundial, los países pobres, en los que vive la inmensa mayoría de nuestra gente.

Los hombres de estos países tienen conciencia de las condiciones inaceptables en que vive la mayor parte de sus connacionales, y afirman la evidencia de que las desigualdades nacen del tipo de relación que muchas veces les ha sido impuesto. Por esto los esfuerzos por el cambio social revisten una gran urgencia y además, toman características conflictuales debido a las diferencias de expectativas, los grados de urgencia y los sistemas de relación y de poder imperantes. En efecto, conviene precisar, la heterogeneidad interna de las sociedades y la presencia de condicionamientos externos en esos mismos países contribuye a definir urgencias diferentes en los grupos, todo lo cual engendra una dinámica de acción que ha sido inevitablemente conflictual.

Caracterizar la situación de los países pobres como dominados y oprimidos, lleva a hablar de una liberación económica, social, política. Pero está, además, en juego una visión mucho más integral y honda de la existencia humana y de su devenir histórico. Una profunda y vasta aspiración a la liberación anima hoy la historia humana. Liberación de todo aquello que limita o impide al hombre la realización de sí mismo, de todo aquello que traba el acceso a, o el ejercicio de, su libertad.

Concebir la historia como un proceso de liberación del hombre, es percibir la libertad como conquista histórica; es comprender que el paso de una libertad abstracta a una libertad real no se realiza sin esfuerzo y sin lucha contra todo lo que oprime al hombre.  Más en profundidad, concebir la historia como un proceso de liberación del hombre, en el que éste va asumiendo conscientemente su propio destino, coloca en un contexto dinámico y ensancha el horizonte de los cambios sociales que se desean. Situados en esta perspectiva aparece como una exigencia del despliegue de todas las dimensiones del hombre. De un hombre que se va haciendo a lo largo de su existencia y de la historia. La conquista paulatina de una libertad real y creadora lleva a una revolución cultural permanente, a la construcción de un hombre nuevo, hacia una sociedad cualitativamente diferente.

Históricamente América Latina ha buscado por diversas vías, el desarrollo de sus pueblos, sin embargo, hasta hoy no se ha actuado eficazmente en la liberación y promoción del hombre latinoamericano. Sin embargo, nuestro pueblo sigue siendo pobre y subdesarrollado. Frente a la urgencia de la situación latinoamericana, ILAPEP denuncia como insuficientes aquellas medidas hasta ahora asumidas, que, por ser parciales y limitadas, no constituyen sino un paliativo y consolidan a la larga un sistema de explotación, ignorancia y represión hacia nuestros pueblos.

La enérgica reprobación que hacemos de los sistemas actuales, incapaces de solucionar los agudos problemas que aquejan a nuestro pueblo, nos lleva a orientar nuestras acciones y esfuerzos con miras a lograr la instauración de una organización de la sociedad libre de ignorancia, preparada, que permita la eliminación de todas las formas de explotación del hombre por el hombre y que responda a las tendencias históricas de nuestro tiempo y a la idiosincrasia latinoamericana. Pugnamos por la liberación que lleve a la posibilidad de una vida más humana y más digna, la creación de un hombre nuevo.

Reconocemos, ante todo que nosotros mismos hemos contribuido con nuestras palabras y actitudes, con nuestro silencio y omisiones a la actual situación de injusticia, pero de igual forma creemos poder aportar algo a la revolución cultural que se vive hoy día; estamos conscientes de que la solución a la problemática latinoamericana radica en la educación de los pueblos, educar es la forma más sublime de liberar (EDUCAR PARA LIBERAR).

ILAPEP manifiesta su compromiso total con la liberación de los oprimidos y la búsqueda de un orden social radicalmente distinto del actual, que logre realizar más adecuadamente la justicia y solidaridad de nuestros pueblos. Como institución educativa, formadora, asumimos la obligación de educar las conciencias, inspirar, estimular y ayudar a orientar todas las iniciativas que contribuyan a la formación del hombre latinoamericano, para que este pueda alzar libremente su voz y expresarse directa y creadoramente en la sociedad y  sea gestor de su propia liberación.